Hay noches que acaban justo antes de empezar,
y pasan rápidamente a engrosar la lista de tiempos perdidos.
En cambio, hay otra noches
en que me deleito con el paso de los segundos sobre tu piel,
me detengo en el descorche de tus poros
cuando poso mi mano temblorosa sobre tu espalda desnuda
y saboreo el momento preciso
en que la primera gota de sudor
surca tu vientre.
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