Bajaba las escaleras apresuradamente cuando recordó que no había cerrado la puerta. Mientras buscaba las llaves dudó si había apagado la luz del pasillo. Entró de nuevo en el piso y cayó en la cuenta de que no había cortado el gas. Lo cortó y vino a su mente la cama deshecha. Se dirigió al dormitorio y comprobó alborozado que la que dormía aún entre las sábanas revueltas seguía sin ser su mujer.
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